¿Qué pasa cuando los niños se convierten en fumadores pasivos?

El humo inhalado en ambientes fumadores puede provocar asma y sibilancias en los chicos, entre otras graves consecuencias.

Es de común conocimiento que aspirar el humo de quienes fuman a nuestro alrededor nos convierte en “fumadores pasivos”. Sin embargo, existe otro humo –denominado “de tercera mano”– que no se ve y que tiene consecuencias importantes para la salud.

¿Qué es el humo de tercera mano? Es la mezcla invisible de gases y partículas que permanecen adheridas al pelo y la ropa de los fumadores, y quedan pegados a los muebles, los electrodomésticos y los juguetes, incluso hasta dos semanas después de apagado el cigarrillo. Los niños son los más perjudicados al estar en contacto con objetos que suelen poner en su boca y con superficies contaminadas cuando gatean o juegan que pueden contener estas sustancias tóxicas tales como toxinas o metales pesados.

“Si los niños están expuestos al humo y/o partículas del cigarrillo, después de un cuadro viral (por ejemplo, la bronquiolitis) es muy probable que sigan sibilando, lo mismo ocurre con la gravedad en los cuadros de asma. Cada año, se evidencia un incremento aproximado del 5% en la cantidad de niños con asma y/o sibilancias y cuando indagamos, la mayoría de esos chicos conviven con uno o ambos padres fumadores”, explica la doctora Natalia Escobar, pediatra de Swiss Medical Center.

Entre las principales afecciones que puede ocasionar el humo de tabaco en los niños se encuentran la tos crónica, el asma, la bronquitis, la neumonía y la otitis, entre otras. También aumenta el riesgo de padecer el síndrome de muerte súbita del lactante.

Diversos estudios demostraron que el tabaco contiene más de 4000 productos químicos, de los cuales al menos 250 son nocivos y más de 50 causan cáncer. El tabaco mata cada año a más de 7 millones de personas, y el humo de tabaco ajeno causa más de 800.000 muertes prematuras por año.

¿Qué pasa cuando los niños se convierten en fumadores pasivos?